En la Medicina primitiva el concepto de enfermedad es mágico y misterioso, difícil de separar de las creencias espirituales y de conformación del mundo, ya que éstas y las ideas médicas están íntimamente relacionadas.

Tras un análisis etnológico de la enfermedad entre los pueblos primitivos, Clements concluye que reconocen como causa de enfermedad, la infracción de un tabú, el hechizo dañino (algo así como el mal de ojo), la influencia de un espíritu maligno, la intrusión mágica de un cuerpo extraño y la pérdida del alma. Se puede enfermar y perder el alma por el miedo súbito, por un susto o por un accidente imprevisto.

Considera Frazer que la clave del poder curativo del médico primitivo radica en su capacidad para liberar la fuerza psíquica del individuo enfermo, activando con sus ritos y su influencia mágica los recursos curativos del subconsciente colectivo. En palabras de Laín, el fármaco no obra por su <>, su naturaleza o composición esencial, sino por su <> - el que le administra, el mago domeñador de las fuerzas ocultas – así <> - el ritual de administración indispensable para su acción – y su <> - el lugar en que se aplica y las fuerzas que allí se liberan. Los medicamentos, en definitiva, no se emplean por su naturaleza, sino porque ayudan al mago–sacerdote en el control de las fuerzas ocultas causantes de la enfermedad. Por ello su recolección y preparación ha de ir acompañada de rituales, sólo conocidos por el médico, mago o chamán.

Cuando la mente primitiva piensa que la enfermedad se debe a la infracción de un tabú , el médico primitivo cuenta con poderoso recursos terapéuticos, entre los que destaca la “confesión” del enfermo. Al declarar las faltas morales, el enfermo se libera del sentimiento de culpabilidad que le angustia y que conscientemente acepta haber cometido. Se libera así del sentimiento de culpa. Los ritos de purificación corporal con el agua, el ayuno, las dietas, los vómitos y las purgas tienen especial interés en el tratamiento de las enfermedades.

Los incas tenían cada año un día de purificación en los ríos, a cuyo cauce acudían los reyes a confesar los pecados para que fueran al mar y son bien conocidos los ritos de purificación hindúes en las aguas del Ganges. Es muy conocido el uso de los baños de vapor por los indios precolombinos como parte de un ritual religioso e higiénico para la curación de las enfermedades.

Según José María López Piñero, en la antigüedad hubo acertadas observaciones relativas a las enfermedades. Por ejemplo, los médicos hindúes descubrieron la presencia de azúcar en la orina de los diabéticos casi dos mil años antes que los europeos, y también anotaron muy tempranamente la relación entre el paludismo y determinados mosquitos, los signos clínicos de las fracturas, etc.

EL AYURVEDA DE LA ANTIGUA INDIA

En el ayurveda de la India, los desequilibrios de la relación del individuo con el medio (alimentación, intemperie climática, estaciones, género de vida, etc.) son las causas más importantes de enfermedad para el. El tratamiento médico: tenía un sentido de ser una ayuda de los seres humanos al restablecimiento del orden del cosmos, un orden religioso, moral, y físico, que la enfermedad había alterado.

La enfermedad se entiende aquí como desequilibrio ético y moral, como actuación no correcta en la conducta, como pecado voluntario o no, que puede ser corregido mediante un ritual y la búsqueda del equilibrio con lo que le rodea.

Concebían el mundo físico y psíquico como una unidad y una constitución común del macro y microcosmos a base de cinco elementos: el éter o vacío; el viento; el fuego; el agua y la tierra.

Hay tres elementos biológicos o esenciales para la vida:

- El viento, presentado como soplo o corriente del cuerpo prâna idéntico al que recorre el universo.

- El fuego presentado bajo la forma de bilis.

- El agua bajo la forma de pituita que recorre todo el cuerpo.

La salud es el <>, el equilibrio dinámico de estas fuerzas; la enfermedad

es el <> , el desequilibrio de las mismas; el terapeuta debe ayudar a restablecer el <>.

Los trastornos se explican por causas inmediatas múltiples como la influencia de las estaciones, del género de vida, de los alimentos, de la herencia o, claro está, de voluntad divina o de la intervención de espíritus malignos. La Terapéutica hindú pretendía ayudar la reconstrucción del orden físico, espiritual y moral alterado por la enfermedad.

LA TRADICIÓN MÉDICA ANTIGUA EN EGIPTO, MESOPOTAMIA, ISRAEL, ASIRIA-BABILONIA

La tradición egipcia relacionó las crecidas del Nilo con la salud y la enfermedad, pues como ha señalado Jagailloux, las subidas del nivel de las aguas significaban abundantes cosechas y salud, mientras que los bajos niveles acarreaban el hambre y las epidemias. Su alimentación consistía y legumbres, frutas, huevos, algo de pescado, poca carne, y excluían de su dieta el cerdo y las bebidas alcohólicas. Los Egipcios hacían uso frecuente de baños y abluciones y fueron cuidadosos de la higiene personal, la limpieza de su ropa, la higiene en sus casa y en la preparación de los alimentos.

Los egipcios consideraban la salud como el estado natural del ser humano. La enfermedad podía clasificarse en dos grupos: aquellas cuyos síntomas eran evidentes, tales como los traumatismos, heridas, fracturas o quemaduras, en las que generalmente no se apelaba a explicaciones de tipo mágico, y el de aquellas cuyas causas era desconocida e invisible, en cuyo caso se daban razonamientos etiológicos de tipo mágico o metafísico. Los alimentos inapropiados o mal combinados podían ser considerados como causa de diversas enfermedades, según J. Puerto. La alimentación inadecuada era origen de enfermedad. Aunque no empleaban la dieta como coadyuvante de la terapia.

El pueblo egipcio se preocupó mucho por la higiene. Los sacerdotes y clases dirigentes se depilaban absolutamente todo el cuerpo y se lavaban dos veces al día y dos de noche. No conocían el jabón, pero sí el natrón y la sosa; además se perfumaban y utilizaban gran cantidad de cosméticos para embellecerse y evitar la desecación cutánea.

La concepción mesopotámica de la enfermedad era estrictamente religiosa, hasta el punto de que la misma palabra significaba pecado, cólera de los dioses, castigo y enfermedad. Para diagnosticar se recurría, en primer término, a un interrogatorio ritual del paciente, con el fin de averiguar el fallo moral que había causado la dolencia. En segundo lugar, se utilizaban en el diagnóstico y el pronóstico la astrología - que procede de Mesopotamia - con métodos muy precisos, la hepatoscopia, que consistía en la búsqueda de señales en el hígado de animales sacrificados o el examen de sus entrañas, y la quiromancia o interpretación de las líneas de las manos. De la hepatoscopia se conservan modelos de hígado en arcilla cocida con delicados detalles anatómicos.

La contribución más importante de la medicina israelita fueron los preceptos higiénicos que introdujeron como parte de la ley de Moisés, el consumo de animales desangrados kosher, la prevención de las enfermedades contagiosas mediante el aislamiento de los enfermos y el cuidado en la disposición de los “excreta”. La enfermedad se observó siempre como un castigo de Yahvé a un pecador; sólo en el libro de Job aparece como una < > a un justo para obtener méritos espirituales, pero no se observa una concepción naturalista de la enfermedad o de su explicación. El único médico, el único sanador, es Dios; sólo a los extranjeros se les otorgó el nombre de médico y siempre con cierta prevención; los sanadores judíos se tenían por <>.

Para los asirio – babilónios la enfermedad es siempre producto del pecado; no es algo natural, sino el producto de una transgresión a la vez física y moral, de la que el enfermo puede ser o no consciente. La palabra <> (shêrtu) significa, a la vez, pecado, cólera de dios, castigo y enfermedad. El diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento de la enfermedad estaba a cargo de la clase sacerdotal. Primero había que buscar el origen del mal; para ello el sacerdote sometía a un interrogatorio al enfermo: << -¿Has sembrado la discordia entre padre e hijo?-¿Has sembrado la discordia entre madre e hija?-¿Has cometido crímenes , has robado, has hecho robar? La terapéutica asirio – babilónica está fundamentada en la oración, los sacrificios y la magia, practicada por el âshipu. Las oraciones y sacrificios iban encaminadas a contentar a los dioses para lograr su vuelta al cuerpo abandonado.

MEDICINA CHINA

Como causas externas de enfermedad en los textos de la dinastía Han se menciona el viento, el calor, el frío húmedo, alteraciones en la dieta, excesos sexuales, emociones violentas y traumatismos. Ciertas enfermedades eran causadas por espíritus malignos. En la prevención y tratamiento de las dolencias se conceden un papel decisivo a la alimentación y a la afinidad de los cinco sabores de los alimentos con las cinco vísceras. Entre las medidas higiénicas se recomienda la práctica sexual para el florecimiento de la familia, la satisfacción de la libido y como ejercicio fisiológico que contribuye a prolongar la vida. También recomiendan el ejercicio físico, así como los estados de reposo y meditación. El ejercicio rítmico, basado a veces en los movimientos de los animales, es otra forma de meditación y vivencia de nuestra integración con el mundo que nos rodea.

Hay que destacar las técnicas de acupuntura y la meticulosidad en la práctica de los masajes.

El saber anatomo–fisiológico de la China antigua, a la par del cosmológico, se vio presidido por el número cinco: a los cinco elementos básicos (tierra, aire, agua, madera y metal) se le corresponden cinco órganos principales (corazón, pulmón, riñón, hígado y bazo), cinco órganos secundarios (intestino delgado, intestino grueso, uréter, vesícula biliar y estómago) que se corresponden con los planetas, estaciones, etc. El desequilibrio entre el Yin y el Yang, lleva el desorden de los cinco elementos y a la enfermedad.

La causa última de la enfermedad es el desorden mencionado de la dinámica Yin –Yang; el origen puede estar en los cambios excesivos del clima, la dieta, las relaciones afectivas, la mojadura, el enfriamiento, los venenos... y también en los espíritus malignos.

Para el diagnóstico empleaban los cinco sentidos, pero tiene especial importancia el pulso. Como métodos terapéuticos a destacar la acupuntura y la moxibustión.

AMÉRICA PRECOLOMBINA

Los incas y los mayas veían la enfermedad con una idea de transgresión ética-moral o espiritual. Los aztecas creían que la enfermedad era causada por los dioses o por hechiceros enemigos. Los aztecas recibían el nombre del día en el que nacían y sus horóscopos regían el destino, la profesión, la enfermedad, la salud y la duración de la vida. Los mayas utilizaban también la confesión expiatoria de los pecados del enfermo.

Los aztecas diagnosticaban empleando el horóscopo y tenían en cuenta la influencia de los astros en los diversos órganos del cuerpo. En la curación, además de los medicamentos, utilizaban el temazcal, baño confeccionado en adobe de un metro y medio de alto por dos y medio de longitud, en donde se practicaba una terapia higiénica y purificadora ritual ; se hacía sudar al enfermo y se le aplicaban masajes.

Los incas empleaban en los tratamientos los números, como los pitagóricos; por ejemplo, 13 días de ingerir un fármaco para los hombres y 9 para las mujeres.

LA MEDICINA EN LA GRECIA ANTIGUA
La Curación Teúrgica o Espiritual

La medicina griega recoge conocimientos y experiencias de los dos grandes bloques culturales de aquel entonces: el Egipcio y el Sumerio‑Mesopotámico, que a su vez recogen influencias de la península del Indostán.

Con la cultura griega se produjo el inicio de una visión racionalista y naturalista del cosmos y del hombre, alejada de la magia y las supersticiones mítico – religiosas. La salud, como indica J. Chuaqui, era el bien más preciado en la sociedad griega. Además, sin salud no podía haber belleza.

Se mencionan por vez primera en los escritos de Homero, algunas palabras que indican la función fisiológica del cuerpo humano, como la propia función o naturaleza de las cosas (physis), el aliento vital (psykhé), el sentimiento de las cosas (thymos), el sueño (hypnos), los sueños (oneiroi), la inteligencia (phrénes), de las cuales proceden las ideas fundamentales de nuestro lenguaje psicológico.

Para los griegos antiguos, según Laín Entralgo, la enfermedad es desequilibrio, la desviación de la norma, y la cura pasa por un retorno a la naturaleza. El ser humano no es un animal enfermo sino naturalmente sano. El concepto de enfermedad no puede ser entendida en “soledad” sino en sociedad con la naturaleza.

Existían varias divinidades sanadoras. La principal de ellas es Apolo, considerado el dios de las plagas y de la enfermedad, el que aparta y desvía el mal y que domina también la profecía y el oráculo; su hermana Artemisa, aunque virgen, era tenida como protectora de los partos y del crecimiento de los niños. Palas Atenea, patrona de las artes y de Atenas, fue considerada también como sanadora. El principal dios curador fue Asclepio o Esculapio para los romanos, hijo de Apolo y padre de las diosas Panacea e Higea, personificadoras de la salud.

La leyenda dice que Apolo encomendó la educación de Esculapio al centauro Quirón, sabio y de carácter dulce, conocedor de las virtudes medicinales de las plantas y de quien aprendió a ejercer la Medicina. Esculapio no se contentó con curar a los vivos, sino que trató de resucitar a los muertos mediante prácticas mágicas prohibidas en el Olimpo, con lo que provocó la ira de Zeus que les destruyó con un rayo. En venganza, Apolo mató a los Cíclopes, artífices de los rayos de Zeus, pero Esculapio se convirtió en la constelación Serpentario, <>.Esculapio se representa con bastón y con una serpiente enrollada. En ocasiones se le representa con la copa de medicamentos y con la serpiente enrollada. En aquel momento, la figura del médico y el farmacéutico era uno, y de Esculapio se ha cogido la imagen simbólica que en la actualidad es representativa de la Farmacia, aunque con los quehaceres farmacológicos estaría más relacionado el centauro Quirón y sobre todo la diosa Panacea: la que todo lo cura.

A través de la literatura antigua sabemos que la figura semi-mítica de Asclepio o Esculapio era considerada como el primer médico de oficio de la antigüedad. Hay autores que señalan su vida alrededor del siglo IX a. de C. Antes de Asclepios sólo tenemos noticia que el médico como tal profesión no existía en la Grecia antigua. En las ruinas de la ciudad de Ampurias en la provincia de Gerona, se encuentra la estatua dedicada al Dios‑héroe de la medicina antigua Asclepio o Esculapio para los romanos, que presidía el templo dedicado a la misma divinidad. Los estudiosos de la mitología piensan que fue un héroe que destacó en el ejercicio de la Medicina, acaso durante el asedio de Troya, y llegó a desplazar a Apolo como dios sanador.

El centro de la medicina teúrgica o espiritual griega estuvo constituido por los templos de Aclepio, asklepieia. Estos templos estaban edificados en lugares sanos, de belleza natural, con agua abundante y en ocasiones fuentes minerales, y alrededor de ellos existían locales para residencia de los enfermos, baños y ejercicios gimnásticos. Los sacerdotes que regían el templo recibían a los enfermos con un relato de las curaciones principales allí conseguidas; el enfermo participaba en las ceremonias de culto, realizaba la ofrenda y el sacrificio a Asclepio y pasaba por un ritual de abstinencia o dieta, baños, masajes y unciones, vida tranquila y relajada, que le preparaban para pasar al descanso de una o dos noches en el interior del templo. Al llegar la noche dormía en el templo, cerca de la estatua de Asclepio y pasaba por la “incubatio” (incubación), sueño en que se le aparecía el asclepiades que le recomendaban el remedio para el mal, o tenía sueños donde recibía el consejo o la curación de la deidad. Al obtener la curación era costumbre que el enfermo dedicara un anatema representación en metal o en cera del órgano afectado.

También existía el culto a Dionisio que consistía sobre todo en orgías rituales, en las cuales los fieles llegaban a un estado transitorio de trance o a veces de delirio mediante la embriaguez alcohólica y la danza a un ritmo frenético. En dicho estado se alcanzaba un éxtasis que se interpretaba como unión con el dios, que sanaba las enfermedades.

De la misma manera que en otras civilizaciones de aquel entonces, hubo un conocimiento empírico del uso de los remedios vegetales bastante amplio: Aristófanes describe el empleo de los anises y de los frutos del cedro en los cólicos ventosos. Existen también numerosas alusiones a las aguas minerales y termales, a los baños, masajes.

Simultáneamente con la práctica de la medicina teúrgica o espiritual, e inclusive con la medicina técnica del período hipocrático, existió en Grecia una medicina astral, nutrida en una larga tradición persa y egipcia de observaciones astronómicas a las que dieron forma algunos médicos griegos antes de siglo IV a, C. La medicina astral griega estuvo basada en el concepto de la simpatía universal y la correlación del macrocosmos del universo con el microcosmos del hombre.

CIENCIA PRESOCRÁTICA

El inicio de una actitud científica en la medicina hipocrática fue resultado del interés de los griegos por el cuerpo humano. En el año 776 a.C. se inician las olimpiadas y la creación de los gimnasios. Se ponía especial cuidado en atender el bienestar y salud de los atletas, la selección de sus dietas, el entrenamiento físico, las técnicas de fisioterapia y masajes, y el tratamiento de lesiones traumáticas y algunos padecimientos por médicos experimentados. Pero en el nacimiento de la medicina científica griega fue aún más importante la influencia de los filósofos presocráticos, preocupados por conocer la physis o naturaleza de las cosas, y en explicar el origen y la constitución del mundo material. La dedicación fundamental de la ciencia presocrática consistió en explicar el origen y constitución de la materia a partir de uno o más elementos.

Es importante para los antiguos griegos la catarsis o ceremonia lustral (repetida cada lustro, cinco años), que se encuentra presente también en la época homérica y consiste en intentar eliminar del cuerpo del enfermo las manchas que testimonian la impureza y producen la enfermedad. Se empleaban fumigaciones, agua o fuego. La medicina hipocrática racionalizará el empleo de esta terapia; la catarsis se convertirá en purgación y el remedio catártico será purgante.

Según José María López Piñero: “una de las características que hay que destacar en los escritos de la escuela de Cos es el estudio de las enfermedades desde un punto de vista que hoy llamaríamos ecológico, centrado en interpretar sus manifestaciones en relación con el ambiente en el que viven los enfermos. Así, uno de los principales tratados - el titulado “De los aires, aguas y lugares” - está consagrado a este enfoque”.

Pitágoras de Samos, que vivió en la segunda mitad del siglo VI, enunció el principio de que todas las cosas podían reducirse a números. La influencia matemática de Pitágoras y sus discípulos fue decisiva para establecer la idea de la armonía del cuerpo humano, de los humores y la conservación de la salud. Fue Pitagórica la idea griega del justo medio, de la medida equilibrada de las cosas, (metron), la perfecta relación del ejercicio y del reposo, el sueño y la vigilia, alimento y abstinencia, cólera y burla y así en las demás cosas de la vida. Aparece bien claro su influjo en el juramento hipocrático (hay quien llega a decir que es de origen pitagórico), y en especial en las doctrinas hipocráticas y galénicas.

La terapia pitagórica estaba basada en higiene, en relación a ejercicios corporales y el empleo de la música como cura. La dieta que tiene como objeto mantener la armonía de cuerpo y alma. La salud se encuentra en la medida, y “la medida” debe mantenerse acostumbrando al ser humano al control del estómago, sueño, cólera y burlas, el vino y los placeres del amor, según Laín Entralgo

Pitágoras, según Jámblico pone el acento ya entonces sobre la decisiva importancia de la alimentación y la digestión, y sobre el hecho de que las fermentaciones intestinales son la causa de la mayoría de las enfermedades. Sabemos por Diodoro que Pitágoras afirmaba que una alimentación vegetariana “fortalece el cuerpo”, “despeja la mente”, y “protege contra enfermedades”. Hace hincapié en el aspecto ético‑filosófico que comporta una alimentación vegetariana y crudívora. Recomendaba no sólo un vegetarianismo sino un crudivorismo como base principal de la alimentación; la frase “dieta sin fuego” procede de él y se centra en el aspecto ético‑filosófico que comporta una alimentación vegetariana y crudívora.

Pitágoras por otra parte entra en contacto con seguridad con el Orfismo, sectas griegas que ya practicaban la abstención de comer carne por motivos religiosos y creían en la. transmigración de las almas.

La música, la danza y el sonido dedicados a expulsar los agentes causales de una enfermedad, se emplearon también como prácticas terapéuticas en la Grecia antigua, y Pitágoras recomendó la terapia por la música para tratar de restablecer la armonía natural o simpatía entre el cuerpo y el alma. Entre los instrumentos musicales consideraba el más útil la lira para ciertas enfermedades internas y para reencontrar el equilibrio; prefería el cántico, acompañado de este instrumento frente la melancolía o la cólera.

Según Alcmeón de Crotona (fl. 535 a.C.) la salud es la expresión de un equilibrio, lo que posteriormente Aristóteles y Galeno definirán como eucrasia. Con él comienza el gran cambio en el campo de la terapéutica y gracias al cual las concepciones empírico – mágicas anteriores se transformaban en racionales y técnicas. Alcmeón definió la salud como una isonomía de las fuerzas (dynamys) o equilibrio en el cuerpo de calidades opuestas, lo frío y lo cálido, lo húmedo y lo seco, lo dulce y lo amargo, mientras que la enfermedad era una monarchia o el predominio de alguna de estas cualidades sobre las demás. Alcmeón de Crotona, que fue discípulo de Pitágoras, fue autor del primer libro de medicina “Peri physios” donde se plantean los estados de salud y enfermedad con sentido del equilibrio pitagórico. El hombre sería una imagen microcósmica del macrocosmos universal, con lo cual todos los descubrimientos o especulaciones sobre el origen de la materia son aplicables a los conocimientos patológicos y terapéuticos del ser humano.

“Lo que conserva la salud es el equilibrio de las potencias: de lo húmedo y lo seco, de lo frío y lo caliente, de lo amargo y lo dulce, etc., pero el predominio (de una) entre ellas es causa de enfermedad; pues el predominio de cada opuesto provoca la corrupción. La enfermedad tiene lugar: por razón de la causa eficiente, por un exceso de lo caliento o lo frío; por razón de la ocasión, por un exceso o defecto de la alimentación; por razón del lugar, por la sangre, la médula o el cerebro. A veces se producen también otras por causas externas, por la cualidad de las aguas, el lugar, los trabajos, la violencia y otras semejantes. La salud (por el contrario) resulta de la mezcla proporcional de las cualidades.”

Empédocles de Agrigento (475- 435 a.C.) formuló la teoría según la cual todos los seres naturales están compuestos por una mezcla en proporciones variables de cuatro elementos de cualidades opuestas (agua, aire, tierra y fuego). Para él la enfermedad es el resultado del desequilibrio provocado por el exceso o defecto de alguno de estos elementos. Propone dos fuerzas invisibles como verdaderos motores del cambio: el Amor y la Discordia.

Los hipocráticos, bajo la influencia de la teoría de los cuatro elementos de Empédocles, llegaron a una doctrina en la que todas las partes del organismo están compuestas por mezclas en proporciones variables de cuatro humores del organismo: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema o pituita.

Para Diógenes de Apolonia (450 a. C) el médico se limita a restaurar, en unión con la naturaleza. La fiebre y los síntomas de enfermedad se comparan con una araña, allí donde la mosca avería, allí la araña restaura de nuevo su tela. El neuma o aire tiene papel vivificante sobre el cuerpo y es sinónimo de espíritu

MEDICINA HIPOCRÁTICA

Hipócrates (nace hacia el 460 a C.). Sus escritos y los escritos de sus muchos discípulos dan forma al “Corpus Hipocraticum” o Escuela Hipocrática. Cuando hablamos de Hipócrates nos referimos a esta Corpus Hipocraticum. Los tratados que integran la Colección Hipocrática, lejos de estar escritos por un solo autor, proceden de <> distintas y de épocas diferentes, aunque en su mayoría corresponde a los siglos V y IV a. C. y a las escuelas de Cnido y Cos.

Para los hipocráticos, la “hygieie” (salud) es el más alto de los dones. Para entender el concepto de enfermedad en la mentalidad hipocrática es preciso conocer lo que entienden por physis o naturaleza pues, para ellos, <>.

Para un hipocrático lo importante es la armonía con la naturaleza y todas las enfermedades consisten en desórdenes de la naturaleza. La protagonista de la curación es la naturaleza y es ella misma la que espontáneamente recobra su armonía y resurge la curación; o el médico debe intervenir para ayudar a llevar a cabo lo que la naturaleza no es capaz de realizar por si sola. El hipocrático intenta individualizar el tratamiento, según la constitución del enfermo, la edad, la estación del año y el momento. Hay enfermos, no enfermedades. El principio básico de la terapéutica hipocrática era la <>, que el médico se limitaba a favorecer mediante la <> - no reducida a la alimentación, sino entendida como régimen de vida – los fármacos, y la cirugía.

Entre las indicaciones terapéuticas se encuentran además de la dietética o regulación de la alimentación, la farmacoterapia y la cirugía. También el ejercicio, la actividad profesional y las costumbres sociales. Todo ello es “diaita”, dieta. La dieta abarca no solo la alimentación sino el régimen o forma de vida. Según Honorio Gimeno, en la medicina hipocrática se preconiza de preferencia el empleo de la influencia psíquica y de medios dietéticos como régimen de vida. La enfermedad se produce “a través del desarreglo dietético”

Tres de los principios terapéuticos empleados por los médicos hipocráticos son:

1.- < > que dirían luego los seguidores latinos: antes que nada no perjudicar, es preferible no hacer nada a empeorar la situación. La terapéutica hipocrática trató siempre de favorecer sin perjudicar, iba dirigida a todo el cuerpo enfermo y no a sus partes, y se ejecutó con prudencia.

2.- Se debe ir a la causa de la dolencia. Ir contra la causa y el principio de la causa.

3.- Abstenerse de actuar ante las enfermedades incurables, aceptando la inevitabilidad de los procesos <>.

Fue en la escuela de Cos, que tuvo a Hipócrates como alumno, donde apareció por primera vez la idea de una patología general en lugar del concepto de la enfermedad como un proceso limitado a un órgano; así pues, la enfermedad fue considerada como una reacción de la physis o naturaleza del cuerpo, frente a las materias morbosas resultantes del desequilibrio de los humores.

El interés de la escuela de Cos por las enfermedades agudas y febriles hizo que se interpretara el curso de los procesos morbosos en tres etapas: la enfermedad aparecía por la alteración de humores crudos, apepsia que se manifestaban por los síntomas generales de la enfermedad. Mediante la reacción de la physis o naturaleza del cuerpo, se cocían los humores crudos, pepsis, sobreviniendo la fiebre, la inflamación de los tejidos o se formaba el pus. La curación del enfermo podía ocurrir por la brusca eliminación de los humores ya conocidos o crisis, y también más lentamente, por la excreción paulatina de los materiales morbosos en la lysis.

La enfermedad se inicia en el interior del cuerpo humano cuando la mezcla armónica y proporcional de los humores se altera. Como consecuencia inmediata de la desarmonía humoral suele producirse una acumulación de sustancias proveninentes de la desarmonía en determinados lugares del organismo, lo que la tradición hipocrática llama un “depósito”. Este “depósito” debe ser expulsado a corto o largo plazo por el organismo a través de una “pepsis”, es decir, una cocción. La aparición de la cocción, que indica el momento máximo de la expulsión, se traduce exteriormente en una crisis. La expulsión de la desarmonía se produce pues por las vías de eliminación: flemas, heces, sudores, etc.

La medicina hipocrática, según Lichtenthaeler y Laín, constituye el origen de una concepción científica de la medicina universal, definitivamente liberada de la religión y la filosofía y establecida como un conocimiento técnico. Surgió en el siglo V. a.C. Hipócrates usó los sentidos y la mente como los únicos instrumentos diagnósticos, creó la medicina clínica junto al lecho (klina) del enfermo.

Según Diller, el Corpus Hipocraticum comienza con el planteamiento de la hipótesis humoral, las bases de un diagnostico racional y los cuidados en la elección de la dieta o régimen de vida para un buen tratamiento. Siguien do la obra “ De aires, aguas y lugares”, que es el primer texto sobre geografía médica, climatología y antropología; describe el carácter de las estaciones del año y las enfermedades que les son peculiares, la influencia de los vientos y las aguas consideradas como alimentos, y las diferencias constitucionales entre las razas. En los “Pronósticos”, base del prestigio hipocrático, por predecir el curso de enfermedades y epidemias, evalúa los signos conocidos por la facies hipocrática, la postura del enfermo, los movimientos del cuerpo y de los miembros, la respiración, sueño, excrementos, orina, vómitos, expectoración, supuración, dolores y los diferentes tipos de fiebre. El régimen en las enfermedades agudas se centra en la preparación de la cocción de cebada, los cambios en la dieta, los efectos del vino, el hidromel (agua y miel) y oximel (vinagre y miel), y el agua en los baños. Recomendó la práctica de trabajos corporales y ejercicios al aire libre, a fin de provocar el sudor.

Hipócrates, en palabras de Honorio Gimento, “preconizó la utilización del ayuno, el pan integral y las frutas y hortalizas crudas y aconsejó que en cuestiones de alimentación se atendiese al instinto del enfermo. En lo fuerte de la enfermedad, conviene alimentación muy débil o la supresión absoluta de todo alimento. En las diarreas intensas la ingestión de manzana cruda. En invierno y en primavera, se puede comer más que en verano y en otoño. Cuando se tiene fiebre, el mejor alimento es el jugo de frutas. Si un enfermo se ha adelgazado bastante por enfermedad larga, no tiene que comer demasiado para recuperarse antes, sino que ha de hacerlo con precaución. Cuando la enfermedad no es muy importante y evoluciona en sentido favorable, el médico no ha de emplear muchos remedios; es mejor que actúe la fuerza vital natural, a ser posible, por sí sola. Dicha fuerza se conoció después en versión latina como “vis medicatrix naturae”.

En cuanto a la aplicación del agua nos dice: “Los baños fríos, seguidos de ejercicios físicos, dan más calor al cuerpo que los baños calientes Los dolores muy fuertes de la gota o del reumatismo pueden desaparecer con repetidos chorros de agua fría. El agua del mar cura heridas y úlceras cutáneas”

Entre los Aforismos podemos destacar: (I, 1) La vida es breve y el arte largo, la ocasión es fugaz, la experiencia falaz y el juicio difícil. No basta que el médico haga por su parte cuanto debe hacer, si por la suya no concurren en el mismo objetivo el enfermo, los asistentes y demás circunstancias externas. (I,6) A grandes males, grandes remedios. En el aforismo 65, sección 7ª leemos : “El alimento dado al que tiene fiebre, en la convalecencia le vigoriza; durante la enfermedad, le empeora.”

Como indica Francisco Guerra, Hipócrates consideró que la función primordial del médico era conocer técnicamente la physis o naturaleza de los enfermos y mediante el dominio del arte ayudarla a que restablezca su armonía. Para Hipócrates hay una causa principal de las enfermedades, las alteraciones producidas por los alimentos. Incluye también otros agentes patógenos externos, las aguas y el aire considerados como alimentos, y no olvida los excesos en el ejercicio o el reposo, los agentes traumáticos, los parásitos y las emociones violentas. Se refiere extensamente a las enfermedades producidas por agentes del medio ambiente en el tratado “De aires, aguas y lugares”, donde considera el efecto de los vientos fríos y calientes, la acción de aguas demasiado frías y palustres, así como los alimentos y las dietas características de cada país.

En el Corpus hipocraticum se aceptan las ideas ya establecidas por las escuelas de Cos y Crotona, que explicaban el proceso morboso como un desequilibrio de los humores del cuerpo. En la interpretación hipocrática, la enfermedad se iniciaba con la separación, apókrisis, del humor casual.

La causa fundamental de la enfermedad en la patología hipocrática era explicada por la corrupción de los residuos alimenticios, perissômata, no asimilables, retenidos en el organismo. El estudio racional, katástasis, del enfermo se iniciaba con el examen de su aspecto externo y con la exploración sensorial del cuerpo y las evacuaciones.

Como nos dice Baumann, los textos hipocráticos indican clara y repetidamente que la curación de las enfermedades es obra de la naturaleza del organismo, pues la physis encuentra por sí misma la vía curativa a seguir sin necesidad de maestro. La función del médico es conocer su modo de acción para ayudarla y no interferir en sus mecanismos, procurando que el enfermo contribuya a la acción curativa de su propia physis. El tratamiento debe llevarse a cabo, observando los hechos presentes en la enfermedad, obrando de un modo semejante a como actúa la naturaleza.

Los hipocráticos prefirieron los remedios dietéticos o la farmacología suave. Se emplean también los baños y los fomentos. En las úlceras o heridas, además de los cuidados tópicos, pone atención en la dieta.

El médico necesita la colaboración del enfermo para llegar a la curación y ayuda a la naturaleza a hacer aquello que por sí misma no podría hacer. Para el médico hipocrático es importante escuchar al paciente, se tiene en cuenta lo subjetivo, lo sentido por él. Además debe estudiar sus relaciones con los demás, los cuales pueden ser de ayuda para la curación.

El recurso terapéutico principal fue la dieta, díaita, expuesta en los tratados “Sobre la dieta” donde se describen las características, preparación e indicaciones de los alimentos, tanto para el enfermo como para el sano. Así, en las crisis de las enfermedades era conveniente disminuir la alimentación. Recomendación que según Laín Entralgo permaneció como regla general hasta mediados del siglo XIX. En las enfermedades febriles y agudas se recomendaba una dieta líquida, como la decocción de cebada ptisane y la dieta láctea; además se explica el uso del hidromel, oximel, vino, vinagre y otros productos. Se daba gran importancia a los ejercicios corporales, el masaje y los baños, principalmente en el mar.

Son frecuentes los consejos generales sobre la persona del médico; en “Sobre el médico” recomienda que sea de aspecto agradable y bien nutrido, porque el público considera que quienes no cuidan de sí mismos no son capaces de atender a otros. El médico debía llevar una vida honesta y reglada, ser amable y tolerante, no ser impulsivo ni de mal humor, pero tampoco demasiado alegre. En “Sobre el decoro” da normas para entrar en la habitación de los enfermos y la forma de comportarse durante la exploración. Convenía repetir la exploración para evitar engaños, teniendo en cuenta que los enfermos mienten a menudo. Indica que el médico debía huir de ruidos y de olores; tratar con calma y serenidad al enfermo, evitando que se entere de lo que pudiera ocurrirle de naturaleza grave, pues en algunos conducía a actuaciones extremas. Hay que “hacer lo debido y hacerlo bellamente”. Todas las recomendaciones éticas sobre el comportamiento médico lo encontramos en el Juramento Hipocrático.

OTROS AUTORES

Para Sócrates, la filosofía era la “ Cura del alma”.

Platón (428-347 a. C.) en el Timeo menciona que las causas y origen de las enfermedades son el desequilibro humoral, las influencias externas contra su orden, las alteraciones del aire y la desarmonía entre el alma y el cuerpo. Platón vive la dualidad alma-cuerpo en el que el cuerpo y su salud tienen un valor relativo, y a veces llega a ver el cuerpo como un objeto muy inferior al alma. Según Diego Gracia Guillén, Platón es el inventor de una psicoterapia verbal rigurosamente Técnica. Utiliza la purificación del alma por la palabra, una catarsis verbal (kátharsis).

“(Asclepio) dictó las reglas de la medicina para su aplicación a aquellos que, teniendo sus cuerpos sanos por naturaleza y por obra de su régimen de vida, han contraído determinadas enfermedades.”

Erasístrato (c. 304- c. 250 a.C.). Según Erasístrato, las más importantes causas de los síntomas morbosos serían el exceso de alimentación (plethos), la debilidad de ésta (apepsia) y la corrupción de lo ingerido. Según J. Chuaqui, para Erasístrato era más importante la prevención que la terapéutica. Reconoce a la enfermedad por el órgano afectado y no como se creía por la afectación de los humores. Sustituyó el uso de la sangría por la ligadura de los miembros, el ayuno, los purgantes suaves, la dieta, baños y ejercicios gimnásticos.

Aristóteles. En palabras de Francisco Grande. “Fue muy importante la comprensión aristotélica de las enfermedades psicosomáticas al afirmar que el alma y el cuerpo se enferman juntos, y por utilizar una psicoterapia basada en la catarsis verbal enérgica.”. Dice Aristóteles: “ me parece que el alma y el cuerpo sufren uno con el otro”

Diocles de Caristo (300 a. C.) Tanto Plinio como Celso y Galeno, dijeron de él que igualó a Hipócrates en la práctica médica. Fue discípulo de Aristóteles, escribió el primer tratado de <> preventiva, asociando los saberes posthipocráticos y las doctrinas éticas de su maestro, en especial la noción de <> entre dos comportamientos extremos.

Escribió el primer libro de anatomía. Para Diocles la fiebre no era una enfermedad, sino una manifestación de la reacción de la physis. Fue además el primero en escribir un herbario con las propiedades nutritivas y medicinales de las plantas. Sus preceptos dietéticos regulan el trabajo y el vivir diario, el ocio, el sueño, la limpieza de los dientes,...La asistencia del médico es un acto de “amor al hombre”.

“El que permanezca ocioso debe pasear todo lo que sus fuerzas le permitan. Los paseos prolongados antes de comer vacían el cuerpo y aumentan la capacidad de asimilar y digerir los alimentos. Los paseos breves y reposados después de comer uniforman y mezclan la comida y la bebida y el aire tragado con ellas... Los paseos largos y rápidos después de comer no pueden ser considerados en modo alguno como convenientes, ya que sacuden fuertemente el cuerpo y dividen y separan los alimentos y las bebidas, lo que originan borborigmos y dispepsia y a menudo también diarrea.”

Herófilo (fl. 325 a.C.) escribió un texto interesante sobre la dieta y el ejercicio para preservar la salud

ESCUELA EMPÍRICA

La escuela empírica fue fundada por Filino de Cos, discípulo de Herófilo y Serapio de Alejandría. Los miembros de esta escuela se muestran radicalmente contrarios a la investigación anatómica efectuada en cadáveres, hombres vivos o animales, basándose en razones objetivas y subjetivas. A su parecer, la naturaleza es insondable y no se adquieren conocimientos sobre ella mediante la disección, pues en los cadáveres no se dan idénticas condiciones que en los seres vivos y, en las vivisecciones, el sufrimiento hace variar también las condiciones normales. Además consideran moralmente repugnante la disección y mucho más la vivisección.

Influenciados por la filosofía escéptica llegaron a una especie de nihilismo científico, y con él renunciaron también al modelo médico propuesto por los hipocráticos, según el cual el especialista en salud debía ser conocedor de la naturaleza.

MEDICINA EN ROMA

Muchos de los médicos griegos se trasladaron a Roma durante esta época. Según Laín Entralgo, los primeros romanos que se dedicaron al cuidado de la salud, ya que no hubo médicos en el sentido griego, daban especial importancia a la dieta, una vida moderada y el ejercicio físico.

Los romanos aprendieron de los etruscos los rudimentos de la higiene pública, la irrigación de los campos y la desecación de pantanos para evitar el paludismo. Efectuaron importantes obras para aprovisionarse de agua potable, por medio de acueductos y de canalizaciones. Se sabe poco de la terapéutica etrusca aunque se supone que su conocimiento viene de la Medicina griega.

Según los tratadistas antiguos, en el territorio etrusco hubo importantes fuentes salutíferas y edificios termales, utilizados en hidro y balneoterapia que, posteriormente, los romanos convirtieron en sus lujosas termas, templos y piscinas.

En el siglo II a. C. un afamado médico romano, Antonius Musa, empleando agua fría, tanto en forma de aplicaciones externas como en forma de bebida, salvó la vida del emperador Octavio Augusto y curó al gran poeta Horacio de una resistente dolencia ocular.

LA ESCUELA ESTOICA

De esta escuela destacamos a Lucius Annaeus Séneca (4 a. de C.‑ 65 d. C.), escribe "Los males que sufrimos son curables, y si queremos librarnos de ellos, la naturaleza nos ayuda ya que hemos nacido para estar sanos”. Escrito que aparece posteriormente en la portada de la famosa novela educativa de Rousseau, “Emile” editada en el año 1762.

Séneca, como estoico, condena el lujo y la falta de moral de su época, y también está a favor de una vida frugal, sencilla, mesurada y de fortalecimiento."Yo soy un gran amigo del ahorro... Yo alabo las vestiduras sencillas. La comida no debería necesitar de criados ni para su preparación, ni para su servicio, ni para su atención... La comida debe de calmar el hambre, la bebida debe saciar la sed, y las ansias de procrear deben de estar dentro de unos límites adecuados.

“ Hemos de aprender a valernos de nuestro propio cuerpo... Hemos de aprender a aumentar nuestra moderación en la satisfacción de los placeres, y mantener los goces dentro de unos limites... buscar la satisfacción a nuestras necesidades naturales a través de medios fácilmente alcanzables". "Las enfermedades son castigos por desnaturalizar nuestra vida y por tener gustos superfluos (opulencia, voluptuosidad). La desmesura en la alimentación nos trae enfermedades y la fiebre. La vida libertina nos quita nuestras fuerzas"

C. Musonius Rufus (vivió, aproximadamente, entre el 10 d. C. y el 79 d. C). Según Polenz, Musonius era firme partidario de la alimentación sencilla, rechazando las comidas cárnicas, y seguía personalmente una alimentación vegetaliana o vegana, a base de frutas y verduras, especialmente crudas.

LA ESCUELA ECLÉCTICA

Según Honorio Gimeno, Aulo Cornelio Celso, que vivió por el año 30 después de Jesucristo, dijo en su obra imperecedera que existe una fuerza curativa natural en el cuerpo humano. Y recomienda, para protegerse de las enfermedades, una vida de acuerdo con las leyes de la Naturaleza. En terapéutica se ocupa mucho de la hidroterapia, de manera tal que se le ha considerado el primero en establecer indicaciones correctas para muchas de sus aplicaciones. También se ocupa de la deontología.

Divide con criterios hipocráticos las enfermedades según su tratamiento: Las que pueden mejorar con la dieta, con los fármacos y las que precisan de la cirugía. Implícitamente en el periodo hipocrático, muy claramente desde la compilación de Aulo Cornelio Celso (quien clasifica los signos de la inflamación en tumor, rubor, calor y dolor), los médicos antiguos distinguieron en su acción terapéutica tres orientaciones: la dietética, la farmacoterapia, y la cirugía. Con Galeno surgirá la higiene.

Celso describe como entre los antiguos la ciencia de la salud era considerada, en su origen, parte de la filosofía y “en esa misma época la medicina fue dividida en las tres orientaciones.

Celso da instrucciones de comportamiento para los sanos, recomendando el cambio del sedentarismo al ejercicio, del calor al frío, y la moderación en la comida y la bebida. Aconseja el ejercicio constante, especialmente a los débiles, y también es partidario del deporte de la esgrima, juego con el balón, del paseo y del correr. Después del ejercicio, recomienda un baño con agua tibia, así como unturas de aceite. Aconseja la aplicación del agua fría, con la que cura casi todas las enfermedades, y la aplica en paños, lavados, irrigaciones, inmersiones, así como por, vía oral. Cita con frecuencia a dos médicos contemporáneos suyos, Asklepiades y Themison. Al igual que Asklepiades, recomienda las frotaciones para fortalecer el cuerpo, refiriéndose probablemente también a los masajes de todo tipo. Aparte de esto, es partidario del ejercicio físico, tanto activo como pasivo. Tiene en mucha cosideración el ayuno, así como la sudoración y las compresas calientes. En caso de una enfermedad incipiente, indica que se debería ayunar, mantener la calma, y, beber agua fría. No rechaza el comer carne.

Areteo de Capadocia y Rufo de Efeso ( unos 30 años después de C.) siguen la misma creencia de la fuerza curativa natural.

A esta escuela pertenece Pedacio Dioscórides Anazarbeo fue autor de una gran Materia médica que incluye la descripción de más de medio millar de plantas curativas; es un título fundamental en la historia de la terapéutica que, traducido al latín, al árabe y los idiomas europeos modernos fue utilizado sin interrupción hasta bien entrado el siglo XVIII. Con su obra Dioscórides influyó tanto la nomenclatura farmacéutica como las aplicaciones terapéuticas de las drogas aceptadas sin cambios por más de 1500 años. Para él y los hipocráticos, la physis era sabia, planificadora, previsora, por lo que su postura ante los fármacos fue similar. Era partidario de pocos y sencillos medicamentos y, generalmente, recurría a la dietética o al uso de preparaciones externas como cataplasmas, unturas, etc. Recoge todo el saber farmacológico o fitoterápico de su tiempo.

LA ESCUELA METÓDICA

Asklepiades, natural de Prusa, critica la sangría y las purgas y concede gran importancia a la dietética y a la terapéutica de los ejercicios físicos. J. Marcuse cree que fue Asklepiades el que introdujo las grandes instalaciones termales y la aplicación del agua fría.

Themison de Laodicea, y su discípulo, Thessalio de Tralles, se consideran los creadores de la escuela metódica romana y suponen el mayor grado de <> de la medicina helenística y su mejor adaptación a las necesidades romanas.

Thessalio de Tralles (fl. 60) clasificó las enfermedades en agudas y crónicas. Para tratar las últimas sometía al enfermo a curas de ayuno y dietas estrictas con las que intentaba alterar el estado general del cuerpo.

Los metódicos consideran el cuerpo en su totalidad como enfermo, y actúan según ello, pero no cuentan con una fuerza natural de curación, ya que, para ellos, todo sucede por necesidad. El tratamiento, para ser efectivo, ha de tener en cuenta las leyes corporales, y en esto se considera necesaria la colaboración del paciente, si bien es el médico el que interpreta el papel principal. El movimiento normal de los átomos se recupera mediante masaje, irrigaciones, gimnasia, paseos, equitación, juegos de balón, etc.; es decir, por los métodos que estaban de moda en esa época. En el campo de la dietética, los metódicos tratan de curar mediante ayunos y alimentación seca o húmeda. Aunque los metódicos utilicen estas técnicas sencillas y eficaces, adecuados a la mentalidad romana, rechazan a la vez la fuerza curativa natural.

LA ESCUELA PNEUMATICA

Esta escuela se introdujo en Roma después del metodismo, a mediados de siglo I d. C., Posidonio de Apoema y Atanco de Atala, recomendaban los baños y la hidroterapia, por su supuesta relación múltiple con los elementos constitutivos del organismo.

GALENO

Galeno nació en Pérgamo, en el extremo occidental del Asia Menor, ciudad conquistada por los romanos. Hace una síntesis de todo el saber anterior. El sistema fisiológico de Galeno dominó el pensamiento médico desde el siglo II al XVII . La obra de Galeno ha sido considerada como la máxima expresión de la Medicina antigua y el inicio de la Terapéutica racional.

El estado fisiológico normal era debido al equilibrio de las siete cosas naturales, res naturales, 4 elementos, 4 humores, 9 cualidades, 3 espíritus, 3 facultades, 2 operaciones y 4 miembros, a las que a veces se agregan la edad, el sexo y la figura del hombre. Estas cosas naturales, intrínsecas a su naturaleza, estaban reguladas por otras extrínsecas ( o las que no toman parte de la naturaleza individual), las seis cosas no naturales, res non naturales, aire y ambiente, comida y bebida, trabajo y descanso, sueño y vigilia, excreciones y secreciones, y afectos del alma.

Las enfermedades pueden ser debidas a la discrasia o desequilibrio en los humores constituidos del cuerpo o alteraciones por corrupción de un humor. Se deben siempre a circunstancias naturales que clasifica en externas, primitivas: los alimentos, los desórdenes sexuales, las emociones desmedidas, los baños, venenos, la acción nociva del sol y el viento y las seis cosas no naturales.

Para Galeno la interpretación de las enfermedades gira básicamente en torno a las alteraciones de los humores localizadas en las distintas partes del cuerpo. También el tratamiento tiene como principal objetivo proporcionar los medios que ayuden al organismo a corregir dichos trastornos humorales. Da una clasificación de los humores: frío y húmedo – pituita; caliente y húmedo – sangre; caliente y seco -- bilis amarilla; frío y seco -- bilis negra. Y de la tipología biológica : sanguíneo, flemático, colérico y melancólico.

Agrupó los signos de las enfermedades en diagnósticos que permitían identificarlas, y en pronósticos que indicaban como acabarían.

Hizo notar la importancia del conocimiento previo del enfermo en estado de salud, temperamento, régimen de vida, alimentación, época del año, condiciones ambientales, y recomendó un examen serio y detenido de todo el cuerpo. Como todos los médicos antiguos. Galeno confiaba más en la capacidad de la razón que en los datos proporcionados por los sentidos.

El sistema galénico mantuvo la doctrina de la <> como principio básico de la terapéutica y también el enfoque individual de la higiene propio de la <> clásica.

Galeno pone más importancia e intensidad en la intervención que Hipócrates. En la terapéutica no siguió a Hipócrates y aconsejo la abundante utilización de medicamentos. Para él los medicamentos, correctamente utilizados, son <>.

Galeno estableció finalmente el principio de tratar las enfermedades por sus contrarios, contraria contrariis curantur, tanto en el régimen de vida, como en los alimentos y en los medicamentos; por eso, si una enfermedad era de causa fría el agente terapéutico tenía que ser caliente, y así con los demás temperamentos. Aceptó la tradición sobre la actitud progresiva desde alimento, a medicina, hasta veneno, y tuvo muy presente que fármaco, phármakon, era tanto medicamento como veneno.

Fue nombrado médico de los gladiadores y de este trabajo procede la convicción de que la gimnasia debe incorporarse a la higiene dietética, bajo dirección médica.

El médico ha de conocer la Física –el funcionamiento del cuerpo humano- y la Ética. Para Galeno el buen médico ha de ser filósofo. Quien ejerce la Medicina desde estos saberes es un verdadero iatros o médico, quien no lo hace así, es sólo un pharmakeús o <>.

LA PRÁCTICA MÉDICA Y LA HIGIENE ROMANA

Los romanos tuvieron especial cuidado con la higiene pública. Construyeron canales subterráneos destinados a secar las zonas pantanosas y cloacas. Como dice J. Chuaqui los romanos tenían la idea de que la malaria era causada por pequeños animales o insectos que venían de los pantanos. En Roma se construyeron ya entonces acueductos, letrinas públicas y alcantarillas.

En los primeros tiempos, los romanos tomaban baños fríos en el Tíber en donde tenían grandes piscinas publicas. Cuando las costumbres griegas y orientales entraron en Roma, se construyeron baños privados al principio y grandiosos baños públicos después.

Especialmente conocidas son las termas romanas, donde se tomaban baños fríos, baños de agua caliente y baños de vapor. En locales aparte se podían recibir masajes, generalmente con aceites perfumados, y en otros realizar ejercicios gimnásticos.